ORGULLO Y DIGNIDAD ITALIANA.

Los italianos son amados y odiados en el mundo, a demostración de que el chisme es tan rápido y efectivo dejando huellas casi permanentes. Hay una imagen colectiva que ha llenado la fantasía de los “non italianos”. ¿Son fantasías o realidades? Al parecer una imagen fuerte y rica en detalles la tienen aquellos países donde la inmigración italiana fue más importante: Estados Unidos (por ejemplo). Al llegar la oleada de italianos a la tierra prometida, venían enfrentados a una selección bastante dura, para determinar si tenían una cultura suficiente para poder desarrollar un trabajo por lo menos de peones en albañilería, que estuvieran con salud para no depender de otros y que no tuvieran enfermedades que pudieran transmitir al autóctono. Los italianos emigrados pertenecían a las clases menos sonrientes económicamente, la mayoría eran campesinos sin instrucciones. Tenían gran ilusión de afirmarse socialmente, eso pudiera explicar el motivo de su arriesgado viaje, tan largo y lleno de incógnitas. Venían humillados por su color de piel, porque la mayoría era del sur Italia, conquista de diferentes culturas entre las árabes y españolas por unos siglos. Un siciliano era definido por ley como “no White” También hay otra realidad de los inmigrantes italianos que desde el norte se fueron a poblar Argentina, por ejemplo. Muchos de ellos eran ingenieros y profesionistas que agregaron una riqueza no indiferente a esta parte del mundo, todavía no desarrollada demográficamente y aún sin estructura.

Pero sin ir tan lejos de Italia, la misma Europa del norte de igual forma fue protagonista de una importante inmigración italiana. Entonces, cuentan estos países de los italianos… ¿como nos ven? Como incansables trabajadores pero un poco o un mucho desmadrosos  en contexto de cultura cívica, irrespetuoso de las reglas, impuntuales, “un pueblo amamantado de su tierra madre”, comentan muchos. Nos ridiculizan con postillas sobre la manera de vestir, de hablar a voz alta, mujeriegos y machistas y de muchas cosas más, pero son comentarios de quien no conoce verdaderamente nuestra cultura y dispara sentencias alimentado el chisme que les expliqué al principio.

Mi querida Italia que cuenta con 60 millones entre inmigrados y oriundos en todo el mundo, país con la más elevada corrupción en contexto europeo. Lo explica la tímida presencia de capitales extranjero en industrias y proyectos corporativos, por escasa credibilidad del gobierno. Efectivamente nuestra situación política es un escándalo perpetrado en el último cuarto de siglo. Berlusconi es el único ejemplo en el mundo de un gobernador con imperdonables conflictos de intereses entre sus empresas y el gobierno, con muchos detalles indecoros de su vida personal y lo peor de todo: votado democráticamente por el pueblo italiano.

¿Merecemos todo esto? No lo creo, pero si lo merecemos hasta que cambiemos postura y eliminemos nosotros los italianos, la negligencia y el egoísmo. En italiano se dice “qualunquismo”. Tenemos que trabajar mucho para quitarnos de encima la huella casi tatuada que nos pusieron para dejar aflorar el carácter y la naturaleza de los verdaderos italianos. El ejemplo que damos a nuestros hijos puede contrarrestar la “educada intolerancia” que nos perjudica. ¿Por qué digo educada intolerancia? Cuando les dices a alguien de Estados Unidos, Inglaterra, Francia o cualquier otro país, que eres italiano, serás testigo de un efecto tipo, “¡ahh Italiano!” con una falsa sonrisa que deja prevaler una forma de educación al no decir otro tipo de comentarios. Intolerancia camuflada que abraza todas las culturas, no se salvan los europeos ni americanos ni los asiáticos, tampoco los italianos, todos pueden ser víctimas de soberbia. Entonces la única cosa que podemos hacer es abrir nuestra mente a lo diferentes que somos, como género humano, y brindar las diferencias que nos amparan porque representa realmente un signo de riqueza y de intercambio cultural.

Finalmente entre orgullo y dignidad yo me quedo con la dignidad porque es el mérito que representa el hombre como género humano y reconoce su valor intrínseco, mientras que el orgullo puede provocar perjuicio y por ende, intolerancia.

ARRIVEDERCI A PRESTO DA PAOLETTO

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